El problema de la confianza

Siempre me he considerado alguien precavido, casi paranoico. Pero basta con bajar la guardia un segundo y ¡zas!, me llevo el golpe directo en la boca del estómago.

Enfadado por no conseguir lo que quería en una tienda, decidí probar suerte en otra. No era un local con tanto volumen de ventas, pero hasta ahora siempre habían cumplido: lo que pedías, lo traían rápido y a buen precio. Allí compré, por ejemplo, mis últimos diez congo tetras a buen precio calidad. Así que pensé: perfecto, les compro diez corydoras pigmeas para el acuario pequeño y cuatro sterbai para completar el cardumen del 240 litros.

En otras tiendas las pigmeas rondaban los 3-4,95 € en Pez Verde(Madrid) 5.95 euros por ejemplo, y las sterbai podían llegar hasta los 8 €. Sabía que aquí tal vez saliera “un poco más caro”, pero no pregunté el precio (Primer error).

El miércoles ya tenía el WhatsApp avisando de que los peces habían llegado. Cuando fui a recogerlos, cometí mi segundo error: Alabar lo bien que se veían. Estaban en un tamaño ideal, no demasiado pequeños, y hasta ahora todo lo que había comprado allí me había salido sano y fuerte.

Después de esperar un rato mientras los embolsaban, llegó la sorpresa en la caja: 14 peces a 8 € cada uno. Sí, las pigmeas al mismo precio que las sterbai. Mi cara, un poema. Pero claro:

  1. Yo había preguntado por ellas de antemano diciendo que las quería.
  2. No pregunté el precio.
  3. Alabar la calidad de los peces.

No me quedó más que tragar. Otros habrían dicho “oye, creo que te has equivocado”, pero yo soy más de: me la cuelas una vez, no dos.

Conclusión: para no arrepentirse, hay que preguntar siempre el precio antes. Así sabrás si estás comprando o si te están intentando timar.

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