
Nuestra Fishroom
Mi fishroom ocupa tan solo 7 m². Afuera quedan las prisas, las facturas y el tráfico; aquí dentro solo hay calma y tranquilidad. Claro, no todo es perfecto: los mantenimientos pueden ser pesados, siempre existe el riesgo de derramar agua por la casa y terminas acumulando montones de material que casi no usas. Y sí, me encantaría tener un espacio más grande.Pero nada se compara con el fascinio de observar pequeños mundos dentro de ventanas de cristal.
He llegado a mantener siete acuarios: Cinco de peces, uno de neocaridinas y otro de caridinas. En ellos han nadado especies exóticas como el Carinotetraodon irrubesco, y si tuviera espacio, seguro me atrevería con una arowanas, channas u otros gigantes acuáticos.

Los inicios
Este fue uno de mis primeros acuarios plantados, el punto de partida de una pasión que poco a poco se convirtió en mi fishroom. No tenía la experiencia ni los medios de ahora, pero sí la misma ilusión: ver cómo un pequeño tanque de cristal podía transformarse en un mundo vivo y lleno de color.
Las especies más fascinantes que he vivido
Entre todas las especies que he mantenido, Andresín, mi Carinotetraodon irrubesco, ocupa un lugar especial. Pequeño pero con mucha personalidad, este pez globo enano cautiva con su mirada curiosa y sus movimientos sigilosos entre las rocas. No es un pez común en acuarios, y precisamente por eso verlo nadar en mi fishroom fue un auténtico privilegio. Cuidar de él me recordó que el aquascaping no es solo estética, también es la oportunidad de convivir con criaturas únicas y fascinantes.


Interacción
Los Bettas son peces con carácter, curiosos y llenos de personalidad. Cada interacción con ellos es diferente: se acercan, investigan, responden a los movimientos de tu mano e incluso parecen reconocerte.
En este acuario, el simple gesto de levantar una hoja o añadir comida se convierte en un momento especial: un pequeño encuentro entre mundos, donde la confianza y la observación hacen que el vínculo con estos peces sea único.
Mi experiencia con caridinas
Las caridinas siempre me han parecido un pequeño reto dentro del acuario. A diferencia de otros habitantes de la fishroom, estas gambas requieren un cuidado mucho más fino: parámetros estables, un agua limpia y una paciencia infinita.
Si las caridinas son un reto que exige precisión, las neocaridinas son la puerta de entrada perfecta al mundo de las gambas. Resistentes, adaptables y con una increíble variedad de colores, estas pequeñas joyas son capaces de dar vida y movimiento a cualquier acuario sin necesidad de obsesionarse con parámetros demasiado estrictos.
Neocaridinas
En mi caso, fueron las primeras gambas que se multiplicaron sin esfuerzo en la fishroom. Con ellas entendí que, a veces, lo más sencillo puede ser también lo más gratificante. Ver cómo las crías aparecen entre las hojas y poco a poco forman su propia colonia es una experiencia que engancha y anima a seguir explorando este apasionante hobby.
Las neocaridinas no solo aportan color, también se convierten en pequeñas aliadas en el acuario: siempre activas, siempre curiosas, siempre limpiando y explorando cada rincón. Son, sin duda, la compañía ideal para quien busca disfrutar de la belleza del detalle sin complicarse demasiado.


